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Detrás de la adquisición de Myricx por Novartis: la carrera de los fármacos contra el cáncer se desplaza al frente upstream de la “química de las cargas”
Esta operación, de hasta 1.500 millones de dólares, no es solo otra compra de una startup de ADC por parte de una gran farmacéutica; muestra que la competencia en medicamentos oncológicos está avanzando desde la búsqueda de dianas hacia cómo diseñar armas citotóxicas más selectivas.
La próxima ronda de competencia en medicamentos contra el cáncer quizá no ocurra solo en las salas de ensayos clínicos, sino que podría empezar antes, entre las cargas químicas y las rutas enzimáticas intracelulares. Novartis acordó adquirir la empresa británica de desarrollo de terapias contra el cáncer Myricx Bio, en una transacción cuyo valor total podría alcanzar hasta 1.500 millones de dólares, convirtiendo a esta startup fundada hace apenas unos años en el último objetivo de alto precio dentro del auge de los conjugados anticuerpo-fármaco.
Según informes de ETPharma y medios británicos, Novartis pagará 1.100 millones de dólares por adelantado, con otros 400 millones de dólares sujetos a hitos posteriores. Esta estructura implica que el comprador está dispuesto a pagar una suma considerable por la plataforma y los activos tempranos, pero aún vincula parte del valor al avance tecnológico, los puntos de desarrollo o los resultados clínicos; para una biotecnológica que todavía se encuentra en una fase temprana, también es un esquema típico en el que coexisten riesgo y potencial imaginativo.
El principal atractivo de Myricx es su plataforma de cargas NMTi. En términos simples, los conjugados anticuerpo-fármaco suelen parecerse a medicamentos tóxicos con un sistema de navegación: el anticuerpo se encarga de reconocer las células tumorales, mientras que el conector y la carga determinan cuándo y dónde se libera la capacidad destructiva del fármaco. La apuesta de Myricx consiste en usar moléculas que inhiben la N-miristoiltransferasa como una nueva clase de carga, con la expectativa de generar un efecto citotóxico suficientemente potente dentro de las células cancerosas y, al mismo tiempo, ofrecer a los diseños existentes de ADC una opción distinta de los inhibidores de microtúbulos tradicionales o los fármacos que dañan el ADN.
The Guardian citó a Fiona Marshall, presidenta de investigación biomédica de Novartis, señalando que la plataforma de cargas NMTi de Myricx podría ampliar la aplicación de los ADC en múltiples contextos tumorales. Sin embargo, la información pública disponible sigue siendo insuficiente para determinar si esta plataforma podrá demostrar una mejor ventana terapéutica en ensayos en humanos; el éxito o fracaso de un ADC no depende solo de la toxicidad de la carga, sino también de la selección de la diana, la estabilidad del conector, la eficiencia de endocitosis tumoral y la capacidad de los tejidos normales para tolerar los efectos secundarios.
Myricx tiene su sede en Londres y, según los informes, surgió en 2019 a partir de una base de investigación relacionada con el Imperial College London y el Francis Crick Institute. Este trasfondo hace que la operación no sea solo una adquisición corporativa, sino también un reflejo de cómo la investigación biomédica básica del Reino Unido es incorporada por grandes farmacéuticas multinacionales a sus carteras globales de medicamentos oncológicos. Para la transferencia desde la academia y la investigación, una adquisición de alto valor puede demostrar el atractivo comercial de la ciencia temprana; pero el verdadero valor médico aún deberá ser respondido por los datos clínicos, no por el monto de la transacción.
Contexto
En los últimos años, los ADC se han convertido en uno de los campos oncológicos en los que las grandes farmacéuticas han desplegado estrategias más activas, porque combinan el reconocimiento por anticuerpos con la citotoxicidad de moléculas pequeñas y, en teoría, pueden lograr un mejor equilibrio entre eficacia y selectividad. A medida que las dianas tumorales populares se vuelven cada vez más concurridas, el centro de la competencia empieza a desplazarse hacia capas más fundamentales: quien pueda encontrar cargas más adecuadas, mejorar los mecanismos de liberación o permitir que una misma plataforma abarque más tipos de cáncer podría obtener una posición dominante entre la próxima generación de candidatos a fármacos.
Por eso, el significado de la adquisición de Myricx por Novartis no debería verse solo como otra operación oncológica de alto valor. Se parece más a una apuesta anticipada de una gran farmacéutica por los cuellos de botella tecnológicos de los ADC: cuando las dianas y la ingeniería de anticuerpos están cada vez más maduras, lo que realmente podría marcar la diferencia son esos detalles bioquímicos más difíciles de ver para el lector general, pero que determinan el destino de un medicamento.