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Células que vuelven a poner en hora al organismo: una «farmacia viva» de leptina acelera la adaptación al desfase horario en animales

Células humanas modificadas y encapsuladas pueden producir leptina según sea necesario, lo que ayuda a roedores y primates no humanos a adaptarse a nuevos ciclos de luz y oscuridad; los resultados llevan la terapia celular controlable a animales de gran tamaño, pero aún quedan problemas de seguridad e ingeniería antes de que pueda utilizarse en viajeros.

By SURL BioNews

Tras cruzar zonas horarias, no solo se altera el sueño, sino también los relojes fisiológicos distribuidos por el cerebro y distintos órganos. Un equipo de la Universidad Rice y la Universidad Northwestern propone ahora un método más directo para reajustarlos: encapsular células humanas modificadas capaces de producir leptina e implantarlas temporalmente en el organismo para que, mediante la liberación de una molécula de señalización ya presente en el cuerpo humano, ayuden a resincronizar múltiples ritmos circadianos.

En un estudio preclínico revisado por pares, el equipo de investigación simuló el desplazamiento del ciclo de luz y oscuridad causado por un cambio repentino de zona horaria. Los roedores y primates no humanos que recibieron las células modificadas se adaptaron al nuevo ciclo con mayor rapidez que los grupos de control. La importancia del resultado no reside únicamente en la idea de mejorar el «desfase horario», sino también en que la misma estrategia ha pasado de animales pequeños a modelos de primates cuyos ritmos fisiológicos son más similares a los humanos; sin embargo, los datos disponibles públicamente no ofrecen detalles completos sobre el tamaño de las muestras ni sobre la seguridad que permitan evaluar el beneficio clínico.

La leptina es conocida principalmente por transmitir al cerebro señales sobre las reservas de energía y el apetito, pero también participa en la regulación recíproca del metabolismo y los ritmos circadianos. Los investigadores utilizaron células modificadas para suministrar este péptido de manera continua y programada, con la esperanza de actuar simultáneamente sobre los relojes centrales y periféricos, en lugar de limitarse a modificar los horarios de sueño mediante la exposición a la luz. El material de encapsulación mantiene las células confinadas en un espacio determinado, permite el paso de sus secreciones y ofrece la posibilidad de retirarlas posteriormente.

Esta tecnología se deriva del concepto de «farmacia viva»: las células se encargan de sintetizar fármacos de estructura compleja y un dispositivo electrónico determina cuándo se activan y durante cuánto tiempo. En la versión de desarrollo presentada por la Universidad Northwestern, inicialmente se emplearon diodos emisores de luz para estimular células fotosensibles diseñadas por la Universidad Rice, ajustando después la producción según la intensidad o la duración de la iluminación; más adelante, el equipo también probó la activación directa de las células mediante señales eléctricas para reducir el espacio que originalmente ocupaban la batería y la fuente de luz.

El diseño de seguridad también es fundamental para determinar si la tecnología puede avanzar hacia ensayos en seres humanos. Documentos de patentes relacionados indican que el equipo utilizó células humanas ARPE-19, encapsulación con alginato y control mediante luz azul, además de incorporar un «interruptor de autodestrucción» inducible de caspasa-9; en experimentos con ratones, su activación permitió eliminar más del 98% de las células encapsuladas implantadas en un plazo de seis horas. Esta cifra procede de la información divulgada en la patente y no sustituye a datos de seguridad completos revisados por pares, pero refleja que los investigadores ya han incorporado al diseño la interrupción del tratamiento y el control de células fuera de control.

Los verdaderos obstáculos para la traslación clínica siguen siendo bastante concretos. Las células de alta densidad necesitan un suministro estable de oxígeno, y deben verificarse la supervivencia a largo plazo, el aislamiento inmunitario, la uniformidad de la dosis y la recuperación del dispositivo; además, la propia leptina afecta al apetito, el peso corporal y el sistema endocrino, por lo que una dosis segura destinada a un reajuste temporal no puede extrapolarse necesariamente de los animales a los seres humanos. Por tanto, este trabajo se aproxima más a una prueba de viabilidad que a una terapia contra el desfase horario próxima a comercializarse; el siguiente paso será determinar la duración del tratamiento necesaria en humanos, su reversibilidad y si el dispositivo implantado ofrece ventajas suficientes frente a métodos actuales como la exposición a la luz y la melatonina.

References

  1. Rice University
  2. Northwestern Magazine
  3. Google Patents
  4. Defense Advanced Research Projects Agency