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Cuatro de cada diez casos de cáncer de ovario en Inglaterra no se diagnostican hasta después de un ingreso hospitalario de urgencia, con una proporción mucho menor de casos en estadios iniciales
Los datos nacionales de más de 28.000 pacientes muestran que las personas mayores vulnerables, las mujeres jóvenes y las residentes de zonas desfavorecidas tienen una probabilidad especialmente alta de llegar al diagnóstico por la vía de un ingreso hospitalario de urgencia; los resultados ponen de relieve una brecha en la detección temprana creada conjuntamente por los síntomas inespecíficos y el acceso a la atención sanitaria.
Las señales de alerta del cáncer de ovario suelen ser poco claras y, cuando la distensión abdominal, el dolor o la dificultad para comer se agravan hasta requerir un ingreso hospitalario de urgencia, la ventana de oportunidad para el tratamiento puede haberse reducido silenciosamente. Un estudio basado en datos nacionales de Inglaterra reveló que más de cuatro de cada diez pacientes fueron diagnosticadas en los 28 días posteriores a un ingreso hospitalario de urgencia, y que la proporción de cánceres detectados en estadios iniciales en este grupo fue muy inferior a la de quienes recibieron el diagnóstico por otras vías.
El equipo de investigación vinculó los registros de cáncer con los registros de ingresos hospitalarios y analizó a 28.204 mujeres adultas diagnosticadas entre 2017 y 2021. De ellas, 11.377, el 40,3%, cumplían la definición de «diagnóstico en los 28 días posteriores a un ingreso hospitalario de urgencia». Este indicador refleja la vía diagnóstica y no puede demostrar que el ingreso haya causado una demora, pero permite identificar a las pacientes que no accedieron al sistema de atención oncológica hasta que los síntomas adquirieron carácter urgente.
La diferencia fue más pronunciada entre las personas con mayor fragilidad física: el 68,6% de las mujeres con fragilidad grave recibió el diagnóstico por esta vía, frente al 29,2% de aquellas cuyo estado de salud se clasificó como bueno; tras ajustar por otros factores, el riesgo del primer grupo seguía siendo un 88% mayor. La proporción alcanzó el 54,9% entre las mujeres mayores de 80 años, pero el riesgo no se concentró únicamente en los grupos de edad avanzada: el 42,7% de las pacientes de entre 18 y 29 años también fue diagnosticado tras un ingreso hospitalario de urgencia, con un riesgo ajustado un 36% mayor que el del grupo de 60 a 69 años. Los investigadores plantearon que el hecho de que el cáncer de ovario no suela considerarse una enfermedad común entre las mujeres jóvenes podría dificultar aún más su reconocimiento, aunque los propios datos no permiten verificar la causa.
Las diferencias socioeconómicas fueron igualmente claras. Entre las mujeres residentes en las zonas más desfavorecidas, el 44,2% recibió el diagnóstico por la vía de un ingreso hospitalario de urgencia, frente al 37,8% en las zonas más prósperas; incluso después de incorporar factores como la edad y el grado de fragilidad, el riesgo de las residentes de zonas desfavorecidas seguía siendo un 11% mayor. Esto indica que el problema quizá no dependa únicamente de la capacidad individual para reconocer los síntomas, sino que también podría estar relacionado con las barreras para solicitar atención, la rapidez de las derivaciones y la capacidad de los servicios de diagnóstico.
El estadio de la enfermedad mostró además el coste de esta vía diagnóstica. Entre las pacientes con datos sobre el estadio, solo el 13,7% de las diagnosticadas tras un ingreso hospitalario de urgencia se encontraba en el estadio 1 o 2, frente al 39,2% de las diagnosticadas por otras vías; en otras palabras, la probabilidad de detectar la enfermedad en un estadio inicial en el primer grupo era aproximadamente de solo un tercio de la observada en el segundo. La distensión abdominal persistente, el dolor abdominal o pélvico, la sensación de saciedad anormalmente rápida y los cambios en el apetito o en los hábitos urinarios o intestinales pueden estar relacionados con el cáncer de ovario, pero también son frecuentes en enfermedades benignas, lo que dificulta especialmente su reconocimiento temprano.
Se trata de un estudio observacional y no permite establecer una relación causal entre la edad, la fragilidad o la pobreza y el diagnóstico por la vía de urgencia. El estudio tampoco disponía de datos completos sobre comorbilidades, estadio y grado tumoral, ni de información sobre cómo utilizaron las pacientes los servicios de atención primaria antes del ingreso. Por tanto, los resultados no pueden reducirse a la idea de que las pacientes solicitaron atención demasiado tarde, sino que deberían apuntar a una cuestión más matizada: si el sistema sanitario puede reconocer de forma temprana síntomas persistentes pero atípicos y permitir que mujeres de distintas edades, estados de salud y contextos socioeconómicos completen oportunamente las pruebas y derivaciones.