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La cartera de fármacos para la espasticidad cobra impulso: más allá de la neurorrehabilitación, el siguiente paso es relajar el tono muscular con mayor precisión

Un informe de cartera de I+D de 2026 vuelve a situar el tratamiento de la espasticidad en el radar de la industria; aunque los candidatos siguen siendo pocos, muestran que las farmacéuticas intentan encontrar una respuesta más matizada que los relajantes musculares y la toxina botulínica actuales, equilibrando eficacia, comodidad de administración y seguridad a largo plazo.

By SURL BioNews

Después de un ictus, una lesión medular, esclerosis múltiple o parálisis cerebral, la espasticidad suele ser uno de los obstáculos más difíciles de superar en la rehabilitación a largo plazo de los pacientes. No se trata simplemente de músculos “demasiado tensos”, sino de un tono elevado persistente causado por un desequilibrio de los circuitos nerviosos, junto con dolor, contracturas articulares y carga asistencial; si el tratamiento es demasiado intenso, puede provocar debilidad, y si es insuficiente, puede frenar los movimientos cotidianos y el progreso de la rehabilitación.

La noticia de DelveInsight “Spasticity Pipeline 2026”, publicada por Barchart, ha vuelto a poner sobre la mesa este campo neuromuscular relativamente discreto. Según la página del informe de DelveInsight, la cartera mundial de I+D en espasticidad abarca actualmente más de 10 compañías y más de 12 fármacos candidatos, organizados por fase clínica, mecanismo de acción, vía de administración, tipo molecular y formato de producto.

Este tipo de revisión de cartera no constituye en sí misma un avance clínico, pero revela un cambio importante: el desarrollo de fármacos para la espasticidad ya no gira únicamente en torno al concepto único de “relajar los músculos”, sino que intenta abordarse desde distintos mecanismos de acción y formas de administración. Para los pacientes, la diferencia podría reflejarse en el uso local o sistémico, la frecuencia de las inyecciones, el inicio y la duración del efecto, y la posibilidad de reducir limitaciones habituales como somnolencia y debilidad.

Entre los candidatos enumerados por DelveInsight, MTR-601 de Motric Bio aparece señalado en fase clínica II, mientras que IPN10200 de Ipsen se encuentra en fase I/II. La página del informe también enumera compañías como Ipsen, Saol Therapeutics, Elpida Therapeutics SPC, Celgene y Tris Pharma; el titular de la noticia de Barchart menciona además a Huons, Supernus Pharma, Sun Pharma, Acorda Therapeutics y Merz Pharmaceuticals GmbH. Dado que el resumen público no proporciona el diseño completo de los ensayos ni sus resultados, estos nombres deben interpretarse más como pistas sobre el mapa industrial que como señales de eficacia ya demostrada.

El tratamiento de la espasticidad cuenta actualmente con opciones como fármacos orales, bombas intratecales, inyecciones locales de toxina botulínica e intervenciones de rehabilitación, pero cada una implica concesiones. Los fármacos sistémicos pueden verse limitados por la sedación y la disminución de la fuerza muscular, mientras que las inyecciones locales requieren una evaluación precisa de los grupos musculares objetivo y aplicaciones repetidas; los pacientes graves también pueden enfrentarse a tensiones cruzadas entre costes asistenciales, capacidad de movimiento y complicaciones. Por eso, si un nuevo fármaco pretende cambiar la práctica clínica, no basta con que reduzca el tono en una escala: también debe demostrar que puede mejorar la función, el dolor, la facilidad de los cuidados o la calidad de vida.

Ahí reside también el punto que exige leer con más cautela este informe de cartera. Los resúmenes de la industria suelen indicar quién está desarrollando qué y en qué fase se encuentra un fármaco, pero no necesariamente revelan la composición de los participantes, los criterios de valoración principales, la configuración del grupo comparador, la tasa de abandono o los datos de seguridad a largo plazo. En un síndrome tan heterogéneo como la espasticidad, la espasticidad del miembro superior tras un ictus, la espasticidad del miembro inferior después de una lesión medular y la espasticidad relacionada con el neurodesarrollo en niños pueden requerir criterios de valoración clínicos y estrategias terapéuticas diferentes.

Por tanto, la información sobre la cartera de espasticidad de 2026 puede verse como un indicador temprano de que la actividad de I+D está aumentando, no como un anuncio de que nuevas terapias estén a punto de sustituir el estándar de atención actual. La verdadera línea divisoria aparecerá cuando los candidatos puedan presentar evidencia clínica clara y reproducible: reducir el tono muscular anómalo mientras preservan la fuerza necesaria y acercan los objetivos de movimiento, cuidados y rehabilitación de los pacientes a una vida cotidiana alcanzable.

References

  1. Barchart.com
  2. DelveInsight