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Las bacterias dentro de los tumores apuntan inesperadamente a una nueva vía contra el cáncer
Un equipo de UIC, inspirado por una proteína bacteriana asociada a tumores, diseñó el péptido aurB, capaz de interferir con el suministro de energía mitocondrial de las células cancerosas; los experimentos en animales muestran un efecto más evidente al combinarlo con radiación, aunque aún queda una larga validación antes de llegar al tratamiento en humanos.
El tratamiento del cáncer suele considerar al tumor como una masa de células humanas que proliferan sin control, pero en realidad el tumor también es un microambiente complejo, con células inmunitarias, vasos sanguíneos, matriz extracelular y, posiblemente, microorganismos ocultos. Un equipo de investigación de la Universidad de Illinois en Chicago ha convertido ahora este fenómeno de coexistencia, en apariencia desfavorable, en una pista para el diseño de fármacos: ciertas proteínas bacterianas detectadas en muestras tumorales podrían, a la inversa, convertirse en herramientas para atacar el sistema energético de las células cancerosas.
El protagonista de este estudio es un péptido llamado aurB, inspirado en auracyanin B, una proteína de cobre de bacterias fotosintéticas. Según UIC Today y el artículo publicado en 《Signal Transduction and Targeted Therapy》, tras analizar señales bacterianas presentes en muestras de tumores humanos, los investigadores identificaron este tipo de proteínas y diseñaron fragmentos funcionales más cortos, con la esperanza de que pudieran entrar en las células cancerosas e interferir con el suministro de energía necesario para su supervivencia.
Los experimentos mostraron que aurB se localiza en las mitocondrias de las células cancerosas e inhibe la producción de ATP. El ATP suele denominarse la moneda energética de la célula; para las células tumorales, que proliferan rápidamente y soportan una mayor presión metabólica, el debilitamiento del suministro energético puede restringir su crecimiento y capacidad de metástasis. El artículo señala además que la diana de aurB implica la ATP sintasa, lo que lo diferencia de las estrategias citotóxicas que simplemente destruyen células de forma general, ya que centra el foco en la maquinaria energética de las células tumorales.
El equipo de investigación probó aurB en células de cáncer de próstata y en modelos animales, incluidas líneas celulares con función de p53 inactivada y modelos murinos de cáncer de próstata resistentes a la terapia hormonal. La explicación de UIC indica que aurB puede inhibir la generación de energía mitocondrial en células tumorales, y que su efecto es más evidente cuando se combina con radioterapia; el artículo de la revista menciona que, en un modelo de metástasis ósea en la tibia, el tratamiento combinado inhibió significativamente el crecimiento tumoral y redujo las lesiones metastásicas pulmonares.
La relevancia científica aquí no reside solo en haber encontrado un nuevo péptido, sino también en que podría sortear algunas limitaciones de estrategias anticancerosas existentes. Los autores del estudio señalan que los péptidos anticancerosos derivados anteriormente de la proteína bacteriana azurin dependían más de la vía de p53, mientras que aurB sigue mostrando actividad en células cancerosas con distintos estados de p53. Si estudios posteriores respaldan este punto, aurB podría tener mayor valor de investigación para ciertos tumores con defectos en p53 y opciones terapéuticas más difíciles.
Sin embargo, esto sigue siendo investigación preclínica. La inhibición tumoral en modelos animales no equivale a eficacia en humanos, y los fármacos peptídicos suelen enfrentarse a pruebas de estabilidad, administración, dosis, seguridad y selectividad tumoral. Dado que aurB apunta a la generación de energía mitocondrial, en teoría también será necesario confirmar si sus efectos sobre tejidos normales con alto consumo energético son controlables, especialmente al combinarse con radioterapia, donde la ventana terapéutica requerirá datos toxicológicos más detallados para ser definida.
UIC afirma que el equipo ya ha solicitado una patente para aurB y está explorando vías hacia ensayos clínicos en humanos. Esto significa que ha avanzado desde una observación de microbiología tumoral hacia un concepto de tratamiento candidato; pero lo que realmente determinará su valor será si los estudios posteriores pueden demostrar, mediante diseños farmacológicos, toxicológicos y clínicos más rigurosos, que no solo puede cortar la energía de las células cancerosas, sino también aportar beneficios terapéuticos en pacientes de forma segura y reproducible.