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Moléculas aromáticas del cannabis alivian el dolor sin causar efectos alucinógenos, y un estudio en ratones apunta a una nueva vía para el dolor crónico

Los terpenos eran originalmente la base química del aroma de las plantas; ahora muestran potencial analgésico en modelos murinos de dolor posoperatorio y fibromialgia. Aún están lejos de convertirse en fármacos clínicos, pero ofrecen una pista temprana distinta del THC y de los opioides.

By SURL BioNews

Lo más difícil del tratamiento del dolor no suele ser solo reducir la sensación dolorosa, sino también el coste de hacerlo. El riesgo de dependencia de los opioides, la actividad psicoactiva del THC y las restricciones regulatorias obligan desde hace tiempo a los pacientes con dolor crónico y a los médicos clínicos a equilibrar eficacia y efectos secundarios. Un estudio difundido recientemente por ScienceDaily dirige la atención hacia los terpenos, las “moléculas aromáticas” compartidas por el cannabis y muchas otras plantas, y sugiere que el alivio del dolor no necesariamente debe ir acompañado de una sensación de “subidón”.

Este estudio preclínico, realizado por un equipo de University of Arizona Health Sciences y publicado en 《Pharmacological Reports》, evaluó cuatro terpenos procedentes del cannabis o frecuentes en él: geraniol, linalool, β-cariofileno y α-humuleno. Los investigadores observaron sus efectos sobre los umbrales de dolor mecánico en un modelo de dolor posoperatorio y en un modelo murino de fibromialgia inducido por reserpina; en otras palabras, midieron si disminuía la sensibilidad de los ratones a estímulos de presión y tacto.

Los resultados mostraron que, en las condiciones experimentales, todos estos terpenos pudieron elevar los umbrales de dolor con el tiempo, y que el geraniol presentó el efecto más destacado. Esto no significa que ya pueda considerarse un analgésico, pero la aparición de señales en dos modelos de dolor diferentes hace que el hallazgo no sea solo una observación casual en un único contexto. En comparación con el THC, los terpenos no suelen ser conocidos por su actividad psicoactiva, por lo que, si en el futuro se demuestra que son seguros, eficaces y administrables de forma estable, podrían convertirse en una dirección candidata más fácil de aceptar para los pacientes.

Las pistas mecanísticas también dan más peso biológico al estudio. El artículo señala que, cuando los investigadores usaron istradefylline para bloquear el receptor de adenosina A2A, el efecto analgésico producido por los terpenos se debilitó, lo que respalda la participación de esta vía de señalización de la adenosina. La adenosina ya es una molécula importante en los sistemas nervioso e inmunitario para regular la inflamación, la percepción del dolor y la actividad celular; si los terpenos pueden influir en la transmisión del dolor a través de este sistema receptor, no se trataría solo de una afirmación vaga de que un “componente vegetal funciona”, sino de una diana farmacológica que puede investigarse y verificarse.

Sin embargo, sigue siendo un estudio en ratones, con una brecha clara respecto del uso clínico. En humanos, la fibromialgia implica dimensiones complejas como sueño, fatiga, estado de ánimo, inmunidad y sensibilización neuronal, y los modelos murinos solo pueden capturar parte de esas características; el modelo de dolor posoperatorio tampoco puede representar directamente todos los tipos de dolor crónico. El resumen del estudio no ofrece datos sobre dosis en humanos, seguridad, uso a largo plazo ni interacciones con medicamentos existentes, por lo que no puede inferirse que los pacientes obtengan el mismo efecto al usar por cuenta propia productos que contienen terpenos.

El verdadero significado de esta línea de trabajo está en que devuelve la investigación sobre cannabis desde una única molécula estrella hacia un mapa químico más detallado. El THC y el CBD del cannabis han ocupado durante mucho tiempo el centro de la discusión, pero los metabolitos secundarios de las plantas son muy diversos. En el pasado, los terpenos se consideraban sobre todo fuentes de aroma y sabor; ahora podrían convertirse en materiales candidatos para la farmacología del dolor. El siguiente paso requerirá estudios más estrictos de farmacocinética, toxicología, formulación y ensayos en humanos para saber si estas moléculas aromáticas pueden pasar de una señal de laboratorio a una opción terapéutica aceptada por la medicina.

References

  1. ScienceDaily Top Health
  2. Pharmacological Reports / Springer Nature Link
  3. ScienceDaily / University of Arizona Health Sciences